Opiniones sobre libros, series y películas

Si bien abrí este blog hace 9 años, para compartir reflexiones sobre diferentes temas, hoy me doy cuenta que lo ideal es aprovechar este espacio para compartir mis opiniones sobre los libros que leo, así cómo series y películas relevantes. Pues, al final mucho de ellas son espejos que nos permiten explorar esas ventanas de cómo nos vemos. Con esto busco dar ideas a las personas que buscan qué leer o ver y poder dialogar sobre estos.

sábado, 6 de junio de 2026

Algunos pensamientos sobre la desigualdad de género en los cuidados

Existe una amplia literatura sobre los cuidados, pero hoy, en una fiesta infantil y conversando con varias madres, volví a pensar en una cuestión que parece sencilla, aunque tiene profundas implicaciones. Hablo en términos generales —porque toda experiencia familiar es distinta—: muchas mujeres ingresaron al mercado laboral, desarrollaron una carrera profesional y comenzaron también a contribuir económicamente al sostenimiento del hogar. Sin embargo, este cambio de rol no siempre estuvo acompañado por una transformación equivalente en la distribución de las responsabilidades domésticas y de cuidado.

En el caso de muchas mujeres blancas y de clase media, la incorporación al trabajo remunerado fue asumida como un avance natural y necesario. Sin embargo, los cuidados continuaron considerándose, de manera explícita o implícita, una responsabilidad principalmente femenina. La pregunta sobre quién sostendría ese trabajo indispensable rara vez desapareció; simplemente se reorganizó. En muchos casos, las mujeres asumieron una doble jornada. En otros, parte de las tareas de cuidado fueron transferidas a mujeres racializadas y con menores recursos económicos, reproduciendo desigualdades de género, clase y raza.

Así, numerosas mujeres trabajan fuera de casa, pero siguen siendo quienes organizan horarios, recuerdan citas médicas, preparan mochilas, gestionan emociones, acompañan tareas escolares y sostienen gran parte de la logística cotidiana de la vida familiar. Se trata de una carga que no siempre es visible, pero que exige tiempo, energía y atención constante.

Lo paradójico es que este cambio benefició a las familias desde el punto de vista económico, pero no siempre produjo una redistribución equivalente del tiempo, la carga mental y las responsabilidades. Durante décadas se habló de la incorporación de las mujeres al mercado laboral como una transformación social profunda. Lo fue. Pero la transformación paralela —la incorporación de los hombres al trabajo cotidiano de los cuidados— ha avanzado con mucha más lentitud.

Un esquema genuino de corresponsabilidad implica que los hombres no “ayuden” ni “apoyen” en las tareas de cuidado. Implica que asuman esas responsabilidades como propias. Cuidar no es colaborar ocasionalmente ni intervenir cuando se solicita; es hacerse cargo. Es conocer las necesidades de los hijos, anticipar problemas, organizar rutinas, tomar decisiones y asumir la misma responsabilidad material y emocional que históricamente han cargado las mujeres. Mientras los cuidados sigan siendo entendidos como una tarea femenina en la que los hombres participan de manera complementaria, la igualdad seguirá siendo incompleta.

Los cuidados no son una tarea secundaria ni un asunto privado que deba resolverse de manera individual. Son el trabajo que sostiene a las familias, a las comunidades y, en última instancia, a toda la sociedad. Por eso, hablar de corresponsabilidad no es hablar de ayuda, sino de responsabilidad compartida; no es hablar de buena voluntad, sino de justicia.